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tres generaciones generando confianzafoto: julio quevedo.

¿TIENE PRECIO LA CONFIANZA?

la Confianza Valor apreciable, pero no se practica.

Publicado: 2015-03-27


Conforme a un estudio realizado por la ONG Latino barómetro, el Perú es uno de los países en el mundo con los mayores niveles de desconfianza interpersonal solo el 14% tiene confianza en el prójimo. Según este mismo estudio el nivel de confianza del peruano promedio en sus instituciones también es bajísimo. La única institución que se salva con un meritorio 68% de credibilidad es la Iglesia Católica.

Si bien este estudio se sustenta en un análisis para el periodo 1995 – 2010, no me atrevería a afirmar que cinco años después esta situación se haya revertido. Es más, quizás estemos peor. Como sea, quedaría claro que los peruanos no confiamos en los peruanos.

Este problema cultural se puso de manifiesto cuando se estaba negociando el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y el Perú, pues esta “tara” de los peruanos impedía cerrar satisfactoriamente algunos temas relacionados con el Capítulo de Facilitación del Comercio, que exigían que la Aduana peruana confiara un poco más en los operadores de comercio exterior. Se produjo un inevitable “choque cultural”, pues era evidente que el nivel de confianza que el gobierno americano estaba acostumbrado a depositar en sus conciudadanos era bastante más alto que las pequeñas dosis de confianza imperantes en nuestro país.

Entonces, si es evidente que en el Perú las autoridades no confían mucho en los particulares y que los particulares tampoco confían mucho en sus autoridades, podríamos afirmar que la confianza constituye una suerte de “bien escaso” y como escaso que es, debiera -siguiendo elementales reglas económicas y en base a un poco de sentido común- tener un “valor apreciable”, “bastante apreciable” podríamos decir.

En base a esta premisa, ¿cómo deberíamos tratar a alguien que genera niveles altos de confianza? La respuesta natural sería “como a un rey”. Por lo menos, y para no exagerar, de una manera bastante más preferente de lo que se trata al común de los mortales (que no generan confianza o, por lo menos, no la suficiente).

Los beneficios para alguien que genere confianza (sobre todo teniendo en consideración el contexto cultural en el que nos encontramos) no deberían ser “tibios” sino muy claros y contundentes. Debe sentirse realmente que la inversión que hacen las personas, en ser CONFIABLES, vale la pena. A estos efectos, nos preguntaríamos ¿cuánto vale la confianza? La respuesta a esta pregunta pareciera cobrar singular importancia ahora que se necesita con suma URGENCIA, Generar confianza, entre nosotros y nuestras autoridades.


Escrito por

Dalmacio Hidalgo Oroche

Soy estudiante de Ciencias de la Comunicación, Open Mind místico y pragmático...ja...ja...ja. me gusta escribir.


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laultima

siempre se dice cuando estamos en diversión la ultima... en esta caso yo siempre digo la ultima chelita